No son tus manos,
sino como expresan todo.
No son tus ojos,
es tu mirada esquiva y profunda.
No es tu pelo,
es el perfume que arrastra.
No es tu cuerpo,
es la presencia que irradia al caminar.
No son tus lentes,
es lo que esconden y explican a la vez.
No es tu ropa,
es que me encantaría verte sin ella.
No es tu mochila,
es el peso y como la llevás.
Son tus ideas,
es tu voz
es tu voz
es tu voz.
Lo que dice,
lo que calla (aunque técnicamente no sea tu voz)
cuando me hablás
de castillos, mariposas, pantanos...
Dale, hablame, no seas injusto, no me prives de este momento.
Escribí, respondeme... no dejes que avance el tiempo,
quedémonos acá;
dale, charlemos.
Porque es tu voz
es tu voz
la que resuena en mi espacio.
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