
Presa me dejaste de tus ojos. Miel! Al intento de asalto corrí sin desvelo.
En algunos momentos creí haber encontrado una pequeña rendija por donde espiar tus excusas. Pero era simplemente un montaje. Otro embalaje que romper a dentelladas.
La sorpresa fue, acaso para vos, descubrir que no eras especial. Un ser "no único en el mundo". Finalmente decidiste abrocharte esos botines y salir a patear. Bien por vos. Así tus remeras de marca viraron en rubro, y la holgura se adhirió a tu cuerpo. Todo para volver a golpearte.
No descuides, que quererte te quiero. No estaré siempre para curar tus raspones.
Me gana el genio algunas veces. Por favor, no pidas más disculpas.
Sí. Basta. Quererte te quiero.
Demasiado quizás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario